Nos dijeron que la belleza venía en envases
fabricada por otros.
Nos entrenaron para consumir… y olvidar.
Olvidar que somos creadoras.
Ser Alquimaga es despertar ese instinto.
Es dejar de mirar afuera y mirar tu esencia.
Tus manos saben. Intuyen. Recuerdan.
El día que una mujer reconoce su poder,
algo se ordena en el mundo.
No importa si nunca mezclaste ni un té.
Importa que decidiste tomar el control
de lo que ponés en tu cuerpo.
Ese fuego es poder.
Bienvenida a tu tribu, Alquimaga.
Llegaste a casa.